00:00asiegas ante el autismo y otras enfermedades. El sistema de salud dominicano arrastra un vacío
00:07de estadísticas imperdonable. Carece de un registro fiable y unificado de las personas
00:15que padecen enfermedades crónicas y trastornos del neurodesarrollo. Esta deficiencia, que no es
00:21nueva, se vuelve particularmente grave cuando afecta a los más vulnerables, es decir, los niños y
00:28adolescentes con trastorno del espectro autista TEA. Las cifras disponibles son un mosaico de
00:36contradicciones. Cada institución maneja su propio conteo y el resultado es un desconcierto estadístico
00:43que impide dimensionar la magnitud real de este problema. La Sociedad Dominicana de Neurología
00:50y Neurocirugía estima que unos 36.500 menores podrían vivir con esa condición, entre diagnosticados y no
01:01identificados. Pero lo único cierto es que nadie sabe a ciencia cierta cuántos son, dónde están y qué
01:09necesitan. El autismo no es un caso aislado. Otras enfermedades padecen el mismo ostracismo
01:16epidemiológico, lo que convierte al país en un navegante a ciegas. Y sin datos fehacientes,
01:23no hay prevención posible, no hay asignación eficiente de recursos ni diseño de políticas
01:29públicas acertadas. Hace tres años se promulgó la Ley 34-23 sobre atención, inclusión y protección de
01:38las personas con TEA, y sus reglamentos fueron también aprobados. No obstante, la Mesa de Diálogo
01:46por el Autismo ha denunciado con crudeza que el Estado no ha destinado los fondos necesarios a las
01:52instituciones encargadas, por lo que la norma sigue siendo una promesa incumplida. Es imperativo,
02:00pues, que el gobierno asuma con urgencia estas dos tareas inaplazables. Establecer un registro
02:07único y actualizado de personas con TEA y otras enfermedades, y de manera simultánea dotar de
02:13presupuesto real a la Ley 34-23 para que pase del discurso a la acción.
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