Morante de la Puebla siguió en el cuarto encierro de San Fermín desde un balcón del Gran Hotel La Perla, en la calle Estafeta de Pamplona.
Antes de que estallase el cohete de salida en los corrales de Santo Domingo, los corredores que pasaban bajo el balcón saludan a Morante, coreando su nombre. Y el maestro saludaba, en pijama, café en mano, a la multitud que esperaba a los toros de Álvaro Núñez que lidiará por la tarde, junto a Borja Jiménez y Pablo Aguado. La expectación es máxima en su vuelta a Pamplona y la reventa está por las nubes.
Desde los edificios de enfrente también saludaban a José Antonio Morante, que hacía así con la mano, correspondiendo a todos.
La carrera fue rápida, peligrosa, más a la antigua usanza, y Morante disfrutó del encierro. Que vio repetido en televisión con una sonrisa. El maestro manifestó que preferiría que no hubiera antideslizante y las cosas fueran como antes en el encierro, con más emoción. Como fue precisamente éste. Parecía que lo hubieran escuchado. Después del madrugón, subió a descansar su habitación en un piso superior de La Perla. Esta tarde la Monumental de Pamplona que rindió en 2025 -ayer, 9 de julio hizo justo un año- espera con enormes expectativas.
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